Hay noches en las que el camino guarda preguntas que todavía no están preparadas para encontrar respuesta.
Tras largas jornadas, los peregrinos encontraron refugio entre el roquedo. Junto al fuego compartieron el pan, el calor y la tranquilidad de continuar con vida, mientras el cansancio iba apagando lentamente la jornada.
Pero en el silencio de la meditación algo quebró el descanso.
Un nombre.
Unos rasgos dispersos.
Una memoria que parecía pertenecerle sin haberla vivido jamás.
Intentó alcanzarla, pero cuanto más se acercaba, más se desvanecía entre la bruma.
Con el amanecer regresó el camino. El acero volvió a cumplir su cometido y aquello que surgió entre la maleza terminó proporcionando alimento y abrigo para continuar la marcha.
Sin embargo, algo había cambiado durante aquella noche.
Porque existen recuerdos que no nacen del pasado… sino de un destino que todavía no ha sucedido.
Joriel… poesía que se escucha.
Voz que ilumina el alma.
LA MEMORIA AJENA
La noche descendía serena sobre el sendero,
mientras buscaban refugio entre el roquedo,
donde reposar el cansancio de la marcha.
Tras largas jornadas de incierta travesía,
junto al fuego compartieron pan y compañía,
mientras las llamas devolvían calor a sus rostros.
Recogido en silencio despidió la jornada,
cuando un nombre surgió entre la bruma velada,
y unos rasgos temblaron entre imágenes dispersas.
Quiso alcanzar aquel eco antes de despertar,
mas cuanto más lo buscaba volvía a escapar,
dejando una memoria que jamás había vivido.
Cuando el primer resplandor comenzaba a nacer,
silbó el acero al ver entre la maleza a la bestia aparecer,
colmando las alforjas y abrigando sus cuerpos.
Joriel
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