Hay mañanas en las que el sosiego apenas dura lo que tarda una campana en quebrar el silencio.
Un extraño mal había comenzado a recorrer la aldea. Entre callejas, cuerpos sin aliento y débiles lamentos revelaban aquello que nadie alcanzaba todavía a comprender, mientras los primeros lienzos se alzaban para socorrer a quienes aún resistían.
Bajo la luz menguante de los cirios, los sanadores buscaron respuestas donde el tiempo había guardado antiguos saberes. Entre códices dormidos durante siglos apareció finalmente una posibilidad.
Pero conocer el remedio no significaba tenerlo entre las manos.
Antes de que regresara el alba, una figura abandonó la aldea y se perdió entre los montes.
Porque algunas respuestas no esperan a ser encontradas… obligan a emprender el camino.
Joriel… poesía que se escucha.
Voz que ilumina el alma.
EL TAÑIDO DEL MAL
La mañana despertaba serena,
cuando un extraño mal recorrió sus venas,
y las campanas quebraron el sosiego.
Al reclamo de los bronces acudió apresurado,
mas sus pasos quedaron de pronto clavados,
mientras la muerte respiraba entre las calles.
Por las callejas yacían cuerpos sin aliento,
mientras otros se aferraban a un débil lamento,
y los lienzos comenzaron a alzarse en la plaza.
Con los sanadores indagó la antigua ciencia,
entre códices dormidos bajo siglos de ausencia,
mientras los cirios consumían la noche.
Los viejos códices revelaron dónde buscar,
las plantas cuyo aliento podía sanar,
y antes del alba su figura se perdió entre los montes.
Joriel
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