Hay destinos que comienzan mucho antes de que podamos comprenderlos.
Bajo los muros de un viejo monasterio, un recién nacido encontró refugio entre quienes hicieron del silencio, el conocimiento y la disciplina su forma de vida. Nadie conocía todavía la razón de su llegada, pero algo parecía haber escrito ya sus primeros pasos.

Entre códices aprendió a templar el espíritu; junto al acero, a dominar sus fuerzas. Cada enseñanza fue preparando aquello que permanecía oculto tras los años, mientras su verdadera misión aguardaba todavía bajo el velo.

Porque hay nombres que pueden permanecer ocultos durante un tiempo, pero ningún destino permanece velado para siempre.

Joriel… poesía que se escucha.
Voz que ilumina el alma.
EL NOMBRE VELADO

Ante los muros del monasterio,
un recién nacido aguardaba en silencio,
bajo el amparo de la vieja cancela.

Durante su ronda, los hermanos avanzaban,
cuando un débil llanto a lo lejos escuchaban,
quebrando la quietud de la noche.

Un tenue fulgor envolvía su rostro,
entre aquellos brazos encontró reposo,
y un nuevo nombre abrió su destino.

Creció entre códices del antiguo proceder,
templando palabra y espíritu en el saber,
mientras la virtud arraigaba en su pecho.

Su senda se templaba en el conocimiento,
junto al acero crecía el adiestramiento,
bajo un propósito todavía velado.

Joriel

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