Algunas existen para recordarnos el camino que nos convirtió en quienes somos.
Hubo un tiempo en el que caminé entre sombras, aprendí su lenguaje y atravesé el desierto. Pero la luz no llegó para cambiarme… llegó para revelarme.
«El rostro de la luz» es un poema sobre el despertar, la transformación y la fuerza serena de quien ha conocido la oscuridad sin dejar que habite para siempre en su corazón.
Joriel… poesía que se escucha.
El rostro de la luz
Durante años el tiempo cinceló
los surcos sobre mi piedra,
sin quebrar su corazón.
Dormí bajo alas de ceniza,
aprendiendo el idioma del cuervo,
hasta escuchar su silencio.
Cuando el alba rasgó el velo,
la luz pronunció mi esencia,
y recordé mi rostro.
Abracé el polvo del desierto,
hasta besar el rostro de la muerte,
y la aurora abrió mi sendero.
Hoy camino donde nace el alba,
sin olvidar el idioma de las sombras,
ni el filo que duerme a mi costado.
Que nadie despierte al centinela,
mientras la lámpara permanezca encendida,
pues la noche reconoce mis pasos.
Joriel
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