Hoy quiero abrir mi corazón y daros las gracias por seguir caminando conmigo. Esta reflexión nace desde la verdad, la esperanza y el deseo de que nadie olvide que, incluso en la tormenta, siempre puede volver a salir el sol.
Gracias por estar ahí.
A mis lectores, a mis amigos…
Llevo tiempo queriendo escribir estas palabras. Cada vez que venían a mi mente me decía: "Tengo que sentarme y contarlas". Pero nunca encontraba el momento. Quizá porque hay sentimientos que cuesta mucho sacar de dentro.
Lo primero que quiero deciros es gracias. Y también pediros disculpas si durante estos meses no he estado tan presente como de costumbre, si no he publicado con la misma frecuencia o no he podido responder como me habría gustado.
Han sido meses de largas tormentas. Meses de incertidumbre, de decisiones difíciles y de una lucha que, muchas veces, solo conoce quien la está viviendo.
Sé que todos tenemos nuestras propias batallas. Unos luchan contra una enfermedad, otros contra problemas familiares, económicos o personales. No escribo estas palabras para dar pena ni para justificarme. Las escribo porque quizá alguien que las lea se encuentre ahora mismo donde yo me he encontrado tantas veces: creyendo que no existe salida.
Y quiero decirle que sí la hay.
A veces uno construye un hogar, un proyecto o una vida con toda la ilusión del mundo y, de pronto, descubre que los cimientos estaban levantados sobre arena. Todo aquello por lo que has luchado parece derrumbarse de un día para otro. Y duele. Duele muchísimo.
Pero incluso entre los escombros sigue existiendo la posibilidad de volver a construir.
Muchos me habéis preguntado por los libros, por el CD y por el pendrive. Quiero agradeceros profundamente vuestro interés y vuestra paciencia. El proyecto se ha retrasado porque, sencillamente, no he podido reunir todavía la inversión necesaria para ponerlo en marcha como merece. En cuanto sea posible, os avisaré personalmente a todos los que habéis reservado una copia para que podáis recibirla, dedicada y firmada con todo mi cariño.
El tiempo, además, ha pasado volando. Han sido meses tan intensos que, cuando he querido darme cuenta, los días habían desaparecido entre preocupaciones y responsabilidades.
Porque hay una diferencia muy grande entre luchar solo y luchar teniendo una familia.
Cuando uno camina solo puede asumir determinados riesgos. Pero cuando de tus decisiones depende también el bienestar de quienes amas, cada paso pesa mucho más. Cada elección se medita una y otra vez, porque ya no solo afecta a tu vida, sino también a la de quienes caminan a tu lado.
Y, sin embargo, en medio de toda esta tormenta, he encontrado una vez más mi refugio.
Siempre he dicho que la escritura me sana.
Y sigue haciéndolo.
Durante estos meses he escrito treinta y siete nuevos poemas que han terminado convirtiéndose en canciones.
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