Hoy honro el trabajo que no siempre se ve,
el que sostiene el mundo en silencio y con amor.
A quienes levantan cada día la vida con sus manos,
con su fe, con su entrega, con su verdad.

Y en este día, mi recuerdo se eleva hacia mi padre,
que en paz descanse, ejemplo eterno en mi camino,
y a mi madre, raíz viva de todo lo que soy.

Porque trabajar también es amar,
y amar… es dejar huella en lo invisible.
Día del trabajador — latido invisible

En la aurora se alzan manos de fuego,
tejiendo el mundo sin pedir sosiego,
y en su silencio Dios siembra su destino.

Hay pasos que sostienen lo que no se ve,
raíces hondas que nadie nombra ni cree,
pero en ellas descansa el pulso divino.

Mujeres de luz que en lo oculto sostienen,
hogares que arden sin que otros los vean o entienden,
y en cada gesto respira un altar encendido.

Hombres de tierra, de sudor y horizonte,
que cargan días como si fueran monte,
y en cada carga florece lo eterno.

No hay oficio pequeño en esta trama,
ni voz que en el vacío se derrama,
todo trabajo es plegaria en movimiento.

Hoy no celebro solo lo visible,
celebro lo callado, lo invisible,
porque ahí habita el verbo del universo.

Joriel

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